Más historias de mis alumnos





HOMOFOBIA

    Soy Izan tengo 20 años y os voy a contar mi historia sobre la homofobia. Yo vivía con mis padres Julia y Luis y mi hermana mayor Lidia, cuando yo era pequeño jugaba con mi hermana y como a ella le encantaban las muñecas era con lo que jugábamos. Cuando fui creciendo me di cuenta de que haber pasado tanto tiempo jugando con mi hermana a las muñecas me gustaban las personas de mi mismo sexo. Cuando tenía 15 años conocí a un chico llamado Pedro, moreno, ojos azules, alto… éramos muy amigos pero lo que él no sabía es que me había empezado a gustar. Un día Pedro me confesó que yo le había empezado a gustar, yo le dije que el también me gustaba y empezamos a salir. Llevábamos un año y yo no le había comentado nada a mis padres, la única que lo sabía era Lidia. Un día mi hermana y yo discutimos y ella le acabó contando a mis padres lo de que yo estaba saliendo con un chico, yo no estaba en ese momento en casa, porque como habíamos discutido había salido a tranquilizarme un poco. Cuando llegué a casa mi padre empezó a pegarme, a gritarme y a decirme que como había sido capaz de salir con un chico que no se lo esperaba que estaba muy enfadado y que no iba a volver a hablarme hasta que no dejara a Pedro, ese día me fui de casa, me fui a casa de Pedro para hablar de esto que me acababa de pasar. El me dijo que si quería me podía quedaren su casa hasta que o arreglase con mi padres y eso fue lo que hice. Cuando cumplí los dieciocho años, Pedro y yo nos mudamos a una casa del centro y desde entonces vivo con y no he vuelto a tener relación con mis padres puesto que no quieren que este con Pedro. Ya llevamos cuatro años juntos y estamos muy felices.

(Escrito por Tristán León, 1º ESO E)



EL AHOGADO MÁS HERMOSO DEL MUNDO

    Sakura era una niña sorda, a la que desde primaria le hacían bullying por su problema, desde esparcir rumores que ella no podía escuchar, hasta quitarle sus audífonos y romperlos. Se comunicaba con los demás mediante una libreta, porque al ser sorda, no podía oír si le estaban hablando, y rara vez hablaba al no saber vocalizar bien, por no oír su voz. Kou era un chico que siempre la observaba en primaria, no se atrevía a decir nada, pero en realidad quería hablar con ella, siempre veía lo que le hacían, pero nunca tenía el valor suficiente para hablar con las personas que la acosaban. Pasaban días y días, el bullying seguía, y al final esto acabó con el traslado de Sakura a otro centro escolar. Kou nunca dejó de pensar en ella, los años seguían pasando y llegó a preparatoria. Encontró un trabajo de medio tiempo, para poder tener más dinero.El trabajo consistía en repartir pan. Un día, fue a dar pan a una cafetería de una preparatoria, Kou era muy curioso, así que fue a ver la preparatoria, al ver una clase llamada "lenguaje de signos" se acordó de Sakura. Entró, él suponía que no pasaría nada, ya que era la hora del recreo. Vio a Sakura con otra chica, se acercó a saludar, él recordó que en su tiempo libre había aprendido el lenguaje de signos, y se comunicó con ella. Se hicieron mejores amigos, siempre estaban el uno para el otro, disfrutaban, se lo pasaban genial. Unos meses después, un médico le dio una terrible noticia a Sakura, su sordera había empeorado, y había muchas posibilidades de que alguna parte de su oído destruyese una parte de su cerebro esencial para la vida. Los días siguientes después de la cita con el doctor, estaba triste, pero solo Kou lo notaba, cada vez estaba más y más depresiva. Kou estaba enamorado de Sakura, pero le daba miedo decírselo, no quería acabar con su amistad si le rechazaba. Cuando Kou iba para casa, pasó por el puente que siempre tomaba para marcharse de su preparatoria, y vio a Sakura a punto de tirarse. Él fue corriendo y le tiró pequeñas piedras para llamarla, ella se giró, Kou le dio una libreta a Sakura, esta escribió que para que había ido hacia allí, que quería acabar con su vida muriendo ahogada. Kou le dio muchísimos motivos a Sakura, para no suicidarse, y acto seguido, le dijo sus sentimientos. Sakura se llenó de muchos sentimientos que desconocía, y aceptó a Kou. Al final no murió, la pequeña posibilidad de que no pasase nada en su oído y morir, había ganado. Kou y Sakura se hicieron pareja y fueron muy felices. -Al final te ahogaste con tantos sentimientos felices, ¿no?. Dijo Kou en lenguaje de signos. -Sí, ese momento fue el ahogado más hermoso. Le respondió Sakura. 



(Escrito por Tristán León, 1º ESO E)




    Por fin había llegado. Ante ella se alzaba la pirámide que tanto había ansiado hallar. Para ello, Helena había estado durante muchos años averiguando la manera de llegar hasta ella. Desde siempre le había fascinado todo lo relacionado con los egipcios. Varios exploradores se habían vuelto locos resolviendo el enigma, otros, lo habían logrado con éxito, sin embargo, según algunas fuentes, no habían salido de allí porque la maldición del faraón había caído sobre ellos. Al entrar, parecía que en cualquier momento el suelo se iba a abrir sobre sus pies. La puerta se cerró tras ella. De repente, algunas baldosas se hundieron. Entre Helena y el resto de baldosas, había una gran distancia, no podría llegar de un salto. Miró hacia arriba, en el techo había un pequeño gancho. Por suerte, había traído una cuerda, y se le ocurrió echar el lazo. Así, consiguió llegar al otro lado. Siguió avanzando, y las paredes empezaron a estrecharse paulatinamente. Apretó la marcha, no quería ser aplastada por unas paredes. No le daba tiempo, tenía que correr. Llegó a la siguiente sala. Era la cámara del rey. En ella se encontraba el sarcófago del faraón. Lo abrió, en él se hallaba una momia junto con sus ajuares. La expedición había sido todo un éxito.

(Escrito por Emma Pacheco, 1º ESO E)




¡¿ Que cómo he muerto?! - Dije colérico, solté aire relajándome y repetí más tranquilo con una risa nerviosa. - ¿Que cómo he muerto? - Bajé la cabeza, me masajeé la frente con una mano y después de una reflexión breve, alcé los ojos y miré al ángel que estaba frente a mi y dije tranquilo.- Me he suicidado. ¡Mientes! - Dijo el ángel que estaba a mi derecha, me cruzó la cara con la mano y siguió con un tono más enfadado – ¡No habrías llegado aquí si te hubieses suicidado! ¡Todos sabemos que es un acto de cobardía y habrías ido al infierno! Lo sé – dijo entre risas, ¿Entonces? - dijo pegando su nariz a la mía, ¿A caso te estás burlando de nosotros? - dijo muy enfadado el ángel situado detrás mía, ahora situándose enfrente y mirándome directamente a los ojos. NO - contesté serio. ¡¿Eres imbécil?! - Dijo el que tenía cara de enfado golpeándome con la mano abierta. - ¡No se puede mentir a los ángeles! - me golpeó con el revés y acompañado de un gruñido, me agarró por el cuello y me elevó por los aires. En ese instante, miré hacia abajo y descubrí que la piedra en la que estaba de pié, estaba levitando en el vacío. Estaba claro que el final de ese vacío era el infierno, y eso explicaba el calor que hacía allí. Era un entorno extraño, todo estaba oscuro. Lo único que iluminaba ese espacio, era la luz que desprendían los ángeles. Ya me empezaba a quemar el cuello y a encontrarme mareado y eso era malo, pues si te mataba un ángel te quedabas vagando por la tierra hasta que encontraras un cuerpo con alma débil y lo pudieses poseer. De esto siempre le echaban la culpa al demonio, pero se equivocaban, la culpa es de los ángeles. Por eso cuando un alma posee a una persona, si le leen una hoja de la Biblia, o le enseñan un crucifijo, echan peste por la boca, pues son ellos, los ángeles, quienes le condenan a esa cadena perpetua. Al momento se acercó un ángel que parecía más mayor, y le agarró el hombro para que me soltara. Este me abrazó impidiendo que cayera al vacío y yo dejé caer la cabeza mareado. Descendió 12 metros y me dejó cuidadosamente, tumbado en la piedra. Después de un rato, me levanté con un dolor intenso de cabeza, parecía que me iba a explotar. El ángel que me elevó se acercó a mi cabizbajo. Lo siento, - dijo apenado. No te preocupes – dije intentando ponerme en pié – a veces lo merezco, pero esta vez no, quiero decir, no del todo. ¿A qué te refieres con eso? - dijo el ángel que más brillaba, debería ser Gabriel, uno de los ángeles más importantes. Me pareció increíble, ver allí a dos palmos de mi, a una figura tan importante. Esta vez no he mentido, sólo me he burlado de vosotros, lo reconozco, pero me he suicidado. Antes de que habléis ¿os habéis parado a pensar si he podido pagar a alguien para que lo hiciese por mi?. En un instante, todos los ángeles se reunieron y un murmullo intrigante, me ponía cada vez más nervioso, hasta que Gabriel, salió del corrillo y me preguntó. ¿Por qué? ¿por qué lo hiciste? Tenías una buena vida, te sobraba el dinero, tenías un montón de personas a tu disposición ¿Por qué? no logro entenderlo. La familia, mi familia – dije entre lágrimas – de qué me sirve el dinero si no tengo con quien compartirlo, con quién disfrutarlo. Dicen que el dinero da la felicidad, no lo creo – después de esto rompí a llorar desconsoladamente. Los ángeles no hablaban, sólo me miraban con expectación, cogí aire y lo solté para relajarme. No podía aguantar un sólo día más sin ver a mis dos preciosas hijas, a mi bellísima esposa y a mi hijo, mi heredero. Por eso pagué a uno de mis sirvientes y le ordené que me asesinara, pues ya sabía que si me suicidaba no tendría la oportunidad de subir al cielo y ver a mi familia. Pero no fue fácil, al sirviente que se lo ordené le pedí discreción, pues no quería que se enterase todo el mundo y lo metiesen en la cárcel, entonces, quedamos en que me asesinaría por la noche. También le pedí que fuese como un asesinato normal y corriente, que no me dijese el día y que fuese rápido, pues no quería agonizar en mis últimas horas. Varias noches, cogió una linterna sorda y giraba muy despacio el picaporte de la puerta, pero no era capaz de entrar, algo le echaba para atrás ¿Por qué tardaba tanto?, pero la noche llegó, justo en la noche que morí tuve una pesadilla, vi a mi familia con los ojos arrancados, con las cuencas vacía y ensangrentadas. Esa horrible pesadilla me desveló y me desperté sobresaltado, pero él ya estaba allí. ¿Por qué tuvo que ser esa noche? Escuché un paso a mi espalda, supe que estaba allí. Me tapé el cuerpo con la sábana y me puse a temblar como un niño tenía miedo, todo el mundo teme a la muerte. De repente, me encontré en el suelo, con el colchón encima asfixiándome, solté un grito agónico y me desperté aquí. Miré a mi alrededor y todos los ángeles estaban con lágrimas en los ojos, hubo un silencio hasta que Gabriel se adelantó. ¿Todo esto lo has hecho para ver a tu familia? - dijo Gabriel a punto de llorar. Si, - contesté. Pero sería incumplir las reglas, dejar pasar a alguien que ha recurrido al suicido para subir al cielo – continuo Gabriel. Entiendo- contesté bajando la cabeza y con voz ronca, tosí para aclararme la voz y continué – pero si al menos pudiera saludarlos - supliqué. No puedes, - contestó secamente- aunque... si puedes verlos, espera un segundo. A ver … por aquí no.... por aquí tampoco – dijo rebuscando en un baúl que estaba flotando a su espalda – ¡aquí! - dijo finalmente sacando un espejo roto. ¿Y ahora qué? ¿Te estás burlando de mí? Es un simple espejo. No lo es, es un espejo mágico- dijo sonriéndome. ¿Mágico? No lo creo - dije riéndome. Si, verás, mírate en él – dijo dejándolo suspendido en el aire. En el espejo, vi a mi familia entera, era como si estuvieran a mi lado. ¿Cómo lo has hecho? - dije intrigado. No lo sé, me lo entregó un mago en su lecho de muerte. Bueno, ya has visto a tu familia ¿no?. Arrójate al vacío y llegarás a tu nuevo hogar. Asentí con la cabeza, di un paso hacia atrás. ¡Espera!, - dijo Gabriel, entregándome el espejo. Finalmente, me arrojé al vacío, abrazándome al espejo como único consuelo. 

(Escrito por Juan Ángel González, 2º ESO A)


EL PERDIGÓN DE ORO

    No era un día cualquiera, hoy se celebraba "EL PERDIGÓN DE ORO". Consiste en que 16 participantes tienen que cazar el maximo de perdigones posibles en un maximo de 50 minutos. Iban presentando a los participantes y entre ellos había alguien extraño, era raro por que no iba vestido de cazador y no llevaba escopeta... Resultaba que aquella persona, era un cazador furtivo. Es decir, caza con arco. A lo largo de la mañana ,el presentador iba diciendo el número de perdigones que iban cazando. - En primer lugar tenemos a Alfredo con 17!!! En segundo Sergio con 13.... Como se era de esperar, aquella persona que cazaba con arco iba el ultímo... Cada 15 minutos se nombraban otra vez a los participantes y el número que llevaban, el cazador furtivo llevaba 0 cazados. La gente empezó a hablar de el.... - Por qué habrá querido participar... Quedaban 30 segundos para el final, pero según el presentador aún llevaba 0, pero.... El cazador paro el tiempo y empezo a borrar las memorias de todos los participantes, espectadores y el presentador y hasta que no les quito todos los faisanes no se volvio a establecer el tiempo. El cazador se llevó el premio de una escopeta semi automatica y cuando iba de camino a su casa, vivia en una cueva dentro le esperaba toda su familia y ya no tenia que volver a cazar con arco...

(Escrito por Antonio Gordillo, 1º ESO E)



VUELTA A CASA

    Les voy a contar la historia de lo que les sucedió a dos extraterrestres que llegaron a Mérida. Solo uno de ellos regresó a su planeta de origen. “-He vuelto después de opuntus totelones y quiero informarles del resultado de mi misión”- Así hablaba Yasuo ante el Consejo de exploradores de los Neops del planeta Arkón. El Consejo entero se levantó y empezó a abucherarlo. El gran Ardophis II, jefe supremo, se levantó de su trono y dejó a todo el Consejo callado. Pidió al recién llegado que empezara a informar sobre su misión, para conocer el resultado de ella. Así fue como empezó a contar su historia al regresar a su unidad de control. El gran Ardophis II comenzó preguntándole por Zed, su camarada de tripulación. Yasuo respondió enfadado : “lamentablemente, mi compañero Zed, ha caído en batalla, por su imprudencia, ante un ser del que no sabíamos su forma de actuar”. Ardophis II le ordenó que empezara a contar la historia. “Después de abandonar la nave nodriza –dijo el extraterrestre- con las órdenes que nos habían entregado, pusimos rumbo al destino que nos habían asignado. Era el tercer planeta del sistema solar situado a 2500 años luz de distancia del nuestro. Allí nos enteramos de que se llamaba “Planeta Tierra”, muy similar al nuestro” -dijo-. Y continuó hablando al Consejo: “No había luz y llegamos con nuestra nave a una zona cercana a un lugar donde había seres vivos”. Yasuo empezó a quejarse del viaje tan largo y pesado que había hecho. No muy lejos del lugar de aterrizaje vieron puntos luminosos. Se encaminaron hacia allí y encontraron unas construcciones con seres vivos de diversos aspectos. Lo que encontraron era un circo de animales salvajes en jaulas. Zed quería acercarse a una de esas construcciones y dentro de ellas había un ser con mucho pelo en una parte de su cuerpo. A Yasuo no le gustaba el aspecto de esos seres desconocidos y protestando le ordenó a Zed que se fuera de allí. Zed quiso pasar y no escuchó los razonamientos de su compañero Yasuo. Entonces tocó un botón y se abrió el acceso a las jaulas. El león, al sentir la presencia de estos dos visitantes los amenazó, abriendo la boca y haciendo un gesto de ataque. Zed Y Yasuo salieron a correr y el león fue detrás de ellos. “Conseguimos salir de allí Nos metimos en un establecimiento que contenía muchos libros dentro”. Así hablaba Yasuo al Consejo de exploradores Era una biblioteca. No se había dado cuenta de que el león había salido detrás de ellos e iba a gran velocidad. Yasuo iba maldiciendo todo el camino, mientras corría, y Zed iba sonriendo. El león consiguió entrar rompiendo la puerta del establecimiento. Chocaban con todas las estanterías y se les caían los libros encima de sus cabezas. “Al huir de ese ser melenudo que nos había perseguido- continuó Yasuo- seguimos corriendo por el lugar hasta que apareció otro ser, que se extrañó de nuestra presencia”. Era el domador del circo de donde se había escapado el león. -“Este ser -prosiguió Yasuo- quisó calmar al que nos estaba persiguiendo, dándole algo para comer. Es entonces cuando el ser vivo que se supone que se estaba calmando, dio un salto y se abalanzó sobre Zed y le arrancó la cabeza. Mientras el otro ser le daba una descarga eléctrica al león, para que dejara su agresividad, me dio tiempo para escapar”. Yasuo corrió hasta su nave y, poniéndola en marcha, despegó rumbo a casa.
Escrito por Miguel Ángel García (1º ESO E)


EL LADRÓN DIFERENTE

    Erase una vez en la edad media, un ladrón diferente, no era un ladrón cualquiera era un ladrón simpático agradable pero un poco tímido, en cambio también había un policía, era antipático y extrovertido. El día antes de que el ladrón se dirigiera a un banco, se cruzo con el policía y el policía se le quedó mirando por que llevaba algo extraño y no habitual. El ladrón iba de camino a coger el tren. Ya en el tren había unas personas, que parecía un nieto con su abuelo, pero no, era un mago. Por aquella época los magos se diferenciaban por algo muy sencillo la típica bata de sacerdote con una barba muy larga, en cambio el niño, bajo y con pinta amigable se dirigió al ladrón diciéndole... -¿Señor que lleva ahi? El ladrón respondió -Nada importante... ¡Era una bolsa que estaba llena de dinero! Dinero que había robado anteriormente, que ahora se siente mal y lo quiere devolver. En ese momento el mago pregunto (sin saber lo que era) -Y si no es importante por que lo lleva en una bolsa al descubierto, a lo que el ladrón se quedo callado. Una vez en el banco se volvió a encontrar con el policía y cuando el ladrón se dirigía a volver a depositar el dinero... Resultaba que el policía era también un ladrón y rápidamente se llevó la bolsa. El policía cogió el tren y se encontró al mago y al niño. Y le preguntó el niño al mago -¿Esa no es la bolsa de el hombre anterior? -Si, que raro... Rápidamente el mago quemo la bolsa con una especie de bola de fuego y los billetes se quemaron lentamente. En ese momento el mago se teletransportó hacia un lugar seguro con el niño sin dejar rastro. Rápidamente las personas del tren ha gritos llamaron a la policía y el supuesto policía quedó arrestado, mientras que el supuesto ladrón se volvió ha encontrar con el mago y el niño y le explicaron lo que paso y estuvieron hablando un buen tiempo y se hicieron amigos y ahora viven juntos en el palacio del mago... Y aquí finaliza esta hermosa y sorprendente historia.

Escrito por Antonio Gordillo (1º ESO E)


LA IMPORTANCIA DE LA LECTURA
    Yo leía de todo menos libros. Leía pancartas, incluso los ingredientes que llevaba la laca, pero nunca jamás llegué a tocar un libro. No le daba importancia ninguna a la lectura. Mis padres siempre me exigían leer, pero yo nunca les hacía caso. No leía porque me diese pereza, no, solo que era la típica cría que no le daba importancia a nada. Hasta que poco a poco fui viendo lo bien que se expresaban mis amigos, familiares, compañeros, profesores... Pero no caía en que fuese por la abundancia de lectura. Intriga y curiosidad, era lo que sentía cuando mis amigos hablaban con un vocabulario ajeno al mío. Nunca me atrevía a preguntar que significado tenían aquellas palabras con las que se expresaban mis conocidos. Poco a poco la intriga y la curiosidad fue aumentando. Cada iba a más. Hasta que un día, la curiosidad e intriga fue tan grande que no me pude resistir a preguntar a mi amiga Marta, que es la que mejor habla, como se expresaba tan bien. Su respuesta fue la siguiente, si lees mucho, hablas bien y escribes mejor. Desde entonces, cada vez que no tengo ganas de leer me pongo a recordar esa frase. Ahora, veo la importancia de la lectura. 
Escrito por Blanca Ollé (1º ESO E)


EN CUESTIÓN DE HORAS  
  Una mañana cualquiera, normal, una mañana entre muchas. Una anciana y su nieto caminan por las largas calles de aquella gran ciudad. Ambos, de la mano no pueden ser mas felices. Lucas, el niño, no paraba de sonreír, se reflejaba en la pantalla de aquellos edificios, haciendo tonterías sin parar. Inés, su abuela, se le caía la baba solo de ver sonreír a su nieto. Hacía un día espléndido, el sol no paraba de brillar. Un ruido desconocido hizo despertar la intriga entre ellos. No era un ruido habitual. Era un ruido extraño, feroz y algo altisonante. Era música, eran motores, un murmullo de gente, gritos, risas... Ambos empezaron a caminar hacia donde procedía aquel ruido. Al cabo de un tiempo, los dos empezaron a ver a lo lejos una especie de carpa, con muchos colores y una larga pancarta, donde se anunciaba el espectáculo. Lucas se moría de ganas de entrar ahí dentro e Inés no se puedo resistir a sacar un par de tickets para descubrir que había dentro de esa misteriosa carpa. Minutos después entran en aquel sitio. Todo el mundo riendo y mirando con expectación hacia el centro. Allí estaba un león, un domador y un payaso. El payaso no paraba de hacer la gracia con el domador, aunque al domador se le veía un tal inocente e inofensivo. El león no paraba de hacer todo lo que le decía su domador, hasta que... se desconsoló. -Aaaaahhhhhh- chillaba todo el mundo, el león se saltó a las gradas. Allí estaban Lucas y su abuela que al igual que todo el mundo se pusieron a chillar y a correr. La acumulación de tanta gente hizo que se produjera una avalancha. Inés no soltaba a Lucas hasta que la presión de tanta gente hizo que la fuerza de ambos de acabara. Inés soltó a Lucas. Lucas se cayó y empezó a ser pisoteado por las cientos de personas que se encontraban allí... Inés logró salir, Lucas... La presión en sus pulmones pudo con su vida. Su abuela no se podía creer todo lo que estaba pasando. Larga y dura vida, la que le esperaba a su abuela. 
Escrito por Blanca Ollé (1º ESO E)



 UNA NUEVA VIDA
   13 de Enero de 2015, tengo 16 años. Ingreso en un internado. No estaba ahí por el simple motivo de que mis padres no se pudieran ocupar de mí, no. Estaba por el horrendo motivo de mi mal comportamiento. Mis padres, ya me habían avisado en varias ocasiones, o cambiaba o me llevaban al lugar que tanto miedo he tenido desde que era pequeña. Mi problema, no era consciente de que mis padres me pudieran hacer eso sabiendo muy bien ellos el miedo que le tengo a un internado, por ese motivo, nunca cambié. Hasta que mis padres no pudieron mas, mi rechazo hacia ellos cada vez iba a más. Todo el mundo tiene un límite y lo alcancé. -Marta prepara maletas que te vas. No hay más oportunidades, ni una más. No te das cuenta del día a día tan duro por el que nos haces pasar siempre. Nunca te hemos querido llevar a un internado porque tanto papá como yo sabíamos perfectamente el odio y medio que le tienes a ese sitio. Pero fíjate si nos has hartado que no nos queda otra que llevarte allí. Me dijeron mis padres minutos antes de mi traslado. Yo no hacía más que suplicarles que no me llevaran, pero nada funcionaba. Minutos después, iba en el coche de mis padres montada, en esos momentos no les podía odiar más. En el momento que me tocó entrar allí no me despedí ni de mis padres ni de nadie. Iba sola, cabizbaja y sobre todo con mucho miedo. Todo era negro, con muchas escaleras y muy grande. El silencio abundaba allí. Ni una mosca se escuchaba. Los encargados me llevaron a mi habitación. Había 3 chicas, muy calladas también por cierto. -En esta habitación vivirás, convivirás y estudiarás los próximos años de tu vida. Bienvenida. La profesora pegó un portazo y enseguida se pusieron a charlar conmigo las compañeras que me habían tocado. -No temas a estar aquí, mientras que estés con nosotras nunca jamás querrás volver a casa. Somos un grupo muy divertido y aventurero, te unes verdad? Venga va, que te ayudamos a deshacer maletas. Yo no me creía que esto me estuviera pasando, no me quería ir de allí y solo era el primer día de todo. 13 de Enero de 2017, tengo 18 años. Y cuando tienes 18 años, eres libre, es decir , ya no es obligatoria la estancia allí. Todas teníamos ya los 18, excepto Valeria, que los cumplía el 30 de Abril. Nos queríamos ir todas, pero no volver a casa. Queríamos irnos a vivir todas juntas y montar un negocio. Pero claro, no íbamos a dejar sola a Valeria. Así que tomamos la decisión de que el 30 de Abril nos iríamos de allí todas. Y así fue, un 30 de Abril, salimos por la misma puerta por la que entramos, fue muy emocionante. Cogimos el tren, y se puso rumbo a nuestras nuevas vidas. 
Escrito por Blanca Ollé (1º ESO E)

VENGANZA
    Aburrimiento. Mi vida descrita en una palabra, aburrimiento. A veces me pregunto cómo puedo seguir una vida así de monótona. Me levanto, a la fábrica, 8 horas poniendo botes de plástico en una máquina, a casa otra vez y a dormir rendido por el cansancio. Todos, todos los malditos días de mi vida. Si compararas tu rutina con la mía dos o tres veces al día, seguramente no te quejarías tanto respecto a ese tema, porque después los jóvenes de ahora se están quejando por cualquier chorrada, por pequeña que sea. Pero, no sé cómo sentía que esa vida aburrida cambiaría en muy poco tiempo... no sabía, seguramente no, pensaba en ese momento. 
    La mañana del día siguiente las cosas pasaron como todos los días, lo diferente vino por la noche... Estaba cenando en la cocina a eso de las diez de la noche, cuando se oyeron algunos sonidos extraños de la planta de arriba. Yo, pensando que podría ser un ladrón, cogí un arma y me encaminé por las escaleras. El ruido provenía de mi habitación, y no sonaba como un ladrón robando pertenencias de otros, sino más bien sonaban algunos jadeos, propios más de un animal que de una persona, ruidos que parecían garras arañando carne. Seguí adelante. Llegué a mi habitación y pude ver la criatura horrorosa que se escuchaba por toda la casa. Era un monstruo de cuerpo humano, pero con algunas diferencias que lo hacían realmente aterrador. La piel era blanquecina y estaba llena de pequeños puntitos negros por todos lados. Sustituía los brazos por largos tentáculos blancos que llegaban hasta el suelo y llegaban varios metros por detrás. La cara lo terminaba todo, una sonrisa gigantesca que le llegaba hasta las orejas con unos dientes afilados y una lengua de serpiente que se alargaba hasta el suelo. Los ojos eran el retoque final para esa bestia horrible, eran enormes, un mar negro sin fondo que hipnotizaba con un bulto rojo que se alargaba con unas finas líneas del mismo color funcionando como pupila. Se me quedó mirando durante varios largos segundos, antes de abalanzarse sobre la ventana, caerse a la calle y correr a esconderse entre la penumbra… Después de ese incidente, por las noches, el monstruo venía a mi cama para quedarse debajo de ella hasta que salía el sol y se iba por la ventana. Estas visitas a mí suponían un problema grave, ya que no dormía nada por miedo a que me devorara la bestia mientras dormía. 
    Pasaron tres semanas de sus visitas y yo cada vez estaba peor, dejé de ir al trabajo y desatendí las labores de la casa, la comida… todo. La siguiente noche después de dos meses decidí acabar con todo aquello. Cogí mi pistola, preparé un plan con varias trampas, y me metí en la cama, exactamente a las once de la noche, el monstruo venía a las y media. Durante esa media hora estuve repasando mi plan de exterminar a la criatura, en la ventana tenía unas hojas de cuchillos que eran casi invisibles y que lo atravesarían a un pequeño empujón contra ellos. Si sobrevivía a los cuchillos tenía preparada una trampa debajo de la ventana compuesta por varias escopetas conectadas a una cuerda que si la pisaba las armas dispararían hacia el animal, y como remate final, yo tenía escondida debajo de las sábanas una pistola por si todo lo demás no surtía efecto. El monstruo saltó a la ventana y se clavó en el pecho todos mis cuchillos. Me alegré por ello pero después vi horrorizado cómo se levantaba y seguía adelante intentando por todos los medios posibles entrar a la habitación. La segunda trampa pasó como la primera y se volvió hacia mí con una expresión sorprendente, no tenía una cara de monstruo sediento de sangre, sino más bien un gesto triste y compasivo que nunca había visto en su cara. Se me acercó a mí lentamente y susurró: - 私は今あなたのために来て、そこからあなたを保護しました ( Yo te protegí de ellos, ahora vendrán a por ti ) Después de eso cayó al suelo inerte, había funcionado mi plan, pero lo que acababa de decir me dejó muy inquieto. Casi una hora más tarde se oyeron unos ruidos abajo y bajé las escaleras a inspeccionar, un hombre completamente de negro estaba revolviendo toda la casa. Le grité desde los escalones y cuando se dio la vuelta vi que tenía la cara igual que el monstruo fallecido de arriba. Al lado de él había toda una familia de esas criaturas. De repente entró en escena una manada de criaturas muy diversas que empezaron a gritar: -この男はすべての彼らの悪事のために支払う作ります ( Hagan pagar a este hombre por todas sus maldades ) La familia de criaturas me miró al completo y el que parecía ser el padre gritó a pleno pulmón: -私たちの兄弟とお金を探している私たちのこの汚い獣によって殺害倒れた友人のすべての仇を討ちます ( Vengaremos a nuestro hermano y todos nuestros amigos asesinados por esta sucia bestia en busca de dinero )
    Después de esa frase me acordé de todo. Yo cuando era más joven, por el poco dinero que tenía, me dedicaba a traficar con cuerpos de animales extraños para poder salir un poco adelante. Este era mi castigo. Y la otra bestia, la que había venido todas las noches para protegerme, con la que yo acabé cruelmente sin saber nada, solo quería ayudarme a no tener el final que me esperaba ahora mismo, la muerte. Me dejé caer al suelo, acepté mi destino. Me dormí dejando que hicieran conmigo lo que quisieran, me lo merecía. La silueta de miles de animales buscando venganza, es lo último que recuerdo.

Escrito por Lara Mayoral (1º ESO E)


EL ACUEDUCTO HABLANTE

    Una noche soñé que estábamos en el futuro, yo iba a 4º de la ESO y estábamos en mi antiguo colegio, mi pandilla y yo. De repente, tuvimos una idea, la de descubrir qué era el monumento que había en el patio. Así que, saltamos la pequeña valla que lo rodeaba y nos tiramos por el pasadizo, porque no había escalones para bajar.
Cuando llegamos al final estábamos en una sala enorme y había mucho silencio cuando... se oyó una voz grave y fuerte:
- ¡Quién anda ahí! - dijo la voz- ¡Quién se atreve a despertarme!
Todos nos asustamos mucho porque estábamos muerto de miedo. Después, volvió a sonar:
- ¡Sé que estáis ahí, os he notado entrar!
- ¿Quién eres?- pregunté yo.
- Soy un acueducto, me llamo Piedras.
- Yo soy Silvia y esta es mi pandilla, una pregunta ¿por qué hablas si eres un acueducto?
- Por que no soy un acueducto cualquiera, soy un hombre en realidad pero me hechizaron y me convirtieron en un acueducto.
- Ohhhhhh, pobrecillo.
- No pasa nada ya me he acostumbrado.
- ¡Anda!, mira la hora que es, son las 12 ya; bueno Piedras nos veremos otro día.
- Claro, Silvia, cuando quieras.
Y así nos despedimos de Piedras y nos fuimos todos a nuestra casa, nos dormimos. En medio de la noche me desperté y vi que todo había sido un sueño porque miré el reloj y eran las once menos cuarto. Pensé que me habría gustado haber vivido de verdad esa aventura.

Escrito por Silvia Benítez (2º ESO A)



AMOR A PRIMERA VISTA 

    Se acercó despacio, como si supiera que el miedo me había paralizado y ya no era capaz de reaccionar. Pero ¿Era en realidad miedo? O era la flecha de cupido que me había dado el amor de mi vida y la musa para mis composiciones. Era preciosa; tenía el pelo negro como la noche y liso como la ropa recién planchada, los ojos como dos diamantes puros incrustados en una piel blanca como la nieve, sus labios hacían un contraste precioso en su cara, pues los tenia del color de la amapola. Nada mas verla, los ojos brillaban como el sol y sus labios te abrasaban a la vez que su pelo te abrazaba la cara como una enredadera en una columna. A día de hoy me sigue pareciendo increíble que ese instante de medio minuto escaso, en el pasillo del instituto pasara tan lento. 

    Ese día fui a mi casa con el corazón lleno de amor y la mente repleta de pensamientos. Recuerdo que al entrar en casa, besé a mi madre enferma, que estaba tumbada en la cama llorando la pena de mi padre ya fallecido. Y corrí a mi habitación. Aparté, las partituras que estaban encima de mi piano de cola, que intente componer pero que no servían para nada.  

       Estuve todo el día encerrado en mi habitación. A la mañana siguiente, me levante me vestí y bese a mi madre, tenía la piel fría como el hielo. Le pregunte si estaba bien ella me dijo que si, y que tuviera suerte con la chica que me gustaba.¿Como sabia mi madre que estaba enamorado?, pensé que se me notaria en la cara. Al llegar al instituto, allí estaba en el mismo pasillo en el que la vi por primera vez. Me acerqué a ella, el pulso se me aceleró. Firmemente le dije que era muy pronto, que no sabia como se llamaba y que apenas nos conocíamos de nada pero, su mirada fulminadora y sus labios ardientes me conducían al delirio y a la distracción en mi vida que me había robado el corazón después de haberlo llenado de amor.    En ese momento no me pudo contestar pues vino su profesora así que quedamos a la salida. Yo estaba muy contento no sabia como expresar mi felicidad, pero iba a durar muy poco, a la media hora del comienzo de clase entro en clase el director del instituto, y dijo “ Felípe Gómez por favor salga al pasillo” ¿Qué? yo no había hecho nada ¿A lo mejor fue esa bola de papel que tire por la ventana? Pero de eso hace mucho tiempo ya. En ese instante de un minuto que tarde en salir al pasillo se me pasaron un montón de cosas por la cabeza, menos lo que me iba ha decir en realidad. Me dijo difícilmente pero con tacto que mi madre había fallecido. El lo sabia pues eran grandes amigos, en ese momento yo pensaba que me iba a desmayar, me puse pálido casi transparente. El director me dijo que tenía permiso para ir a casa , yo asentí con la cabeza. Entré en clase con los ojos llorosos y de capa caída. Mi mejor amigo Ramón me preguntó que que me ocurría. No había palabras para responderle, entonces le hice una señal para que comprendiera que no era el momento. Cogí la mochila y sin decir nada me fui. 

        De camino ha casa pensé en los momentos buenos que pasé con mi madre, la canción que le compuse por primera vez. Los momentos en los que hacíamos peleas de cojines. En ese momento me salió una sonrisa triste. Y muchas cosas más que ya no podría hacer al llegar a mi casa ya se la estaban llevando la ambulancia para hacerle la autopsia. Entonces deje caer la mochila al suelo y corrí hacia la camilla, de un tirón abrir la funda que le tapaba el cuerpo y la abracé. Aún tenia el calor corporal normal, parecía que estaba dormida. Lance un grito al cielo diciendo “porqué”. La policía rápidamente me apartó del cuerpo de mi madre. Yo lo entendí. A los dos días el entierro.

         Todo cambió en mi vida pues estaba sólo mi familia tanto de padre como de madre no quería saber nada de mí, no quedaba otra que ir a un orfanato pero si iba allí ya no vería al amor de mi vida y la perdería para siempre. En el sepelio estaba el director, un fiel amigo de mi padre que ayudó mucho a que mi madre superara aunque no del todo el fallecimiento de mi padre, la madre de Ramón, y mas gente que me sonaba pero que no conocía de nada. Todo el mundo me ponía excusas baratas para no quedarse conmigo. Me sentí como una mierda. Finalmente se me acercó un policía que se llamaba Tomás y me llevo al orfanato de “Las Carmelitas”. Era un orfanato religioso. Al principio estaba un poco asustado pues no conocía a nadie y todos me miraban con cara extraña como si hubiese venido de otro mundo. El orfanato tenia pinta de ser gótico, las paredes estaban echas de una especie de granito marrón que si ibas muy rápido y te rozabas te hacías una buena herida (lo digo por experiencia) el suelo estaba echo de un mármol resbaladizo, que cuando lo fregaban las monjas no había niño en pie en el pasillo. Las habitaciones eran pequeñas a la vez que acogedoras, no había televisión ni ninguna otro aparato eléctrico, excepto en el comedor que había una televisión antigua en un mueble bastante viejo y putrefacto, la primera vez que lo vi pensé que se iba ha romper en cualquier momento. La comida que hacían las monjas esta buenísima nunca había probado una comida tan rica desde que murió mi padre, pues solo comíamos comida precocinada pero bueno... Había una sala de estar muy amplia con lienzos y dibujos por si querías pintar, un mueble lleno de juegos de mesa muy divertidos, también había un futbolin, una mesa de pin pon y otra de billar después muchos sillones de muelles un poco incómodos y dos mesas de madera para jugar a los juegos de mesa.

         Pero no todo era diversión. También había una especie de cuarto con muchas sillas y mesas y una pizarra al fondo, que era donde dábamos clases. Las profesoras eran monjas que si veían que no hacías mucho caso te daban en la mano con una especie de regla de madera (os lo aseguro pica bastante) Pero explicaban muy bien. Otra cosa que mas me gustaba del orfanato era el jardín, era como una selva pero en pequeñito, había todo tipo de platas rosas, claveles, pendientes de reina, amapolas... Al ver las amapolas me acordaba de los labios de la chica que amaba, y que no volví a ver. Y por último la iglesia mas bonita que he visto en mi vida . Estaba decorada con unas imágenes que parecían tener vida. Nada mas entrar a la derecha estaba la pila del agua bendita decorada con la cabeza de un ángel rubio y a la izquierda el confesionario bastante rústico. De frente,  el altar con el retablo decorado con dibujos de ángeles volando y en el centro del retablo una paloma.  En ambos lados del altar dos ambones decorados con las cabezas de un águila tallada. El altar estaba cubierto con un mantel bordado blanco y en el centro una cruz mediana de oro y el sagrario de madera de roble. La iglesia esta rodeada del via crucis, ordenado de izquierda a derecha. Encima del retablo había una especie de balcón techado con un órgano precioso. Al que al segundo día no me pude resistir a tocar. El cura don Juan me oyó y me dijo que tocaba muy bien y que el podía ayudarme ha hacerme muy famoso. 

        Al día siguiente me llevó ante un productor llamado Israel Ramírez. Era un hombre ya mayor tendría unos 65 años una barba canosa le tapaba casi toda la cara solo se veían los ojos marrones oscuros. Era casi calvo , y tenia una personalidad estupenda. Me dijo que tocara el piano, le toqué la canción que compuse para la chica que me gustaba. Cuando terminé con lagrimas en los ojos me dijo que íbamos a hacer grandes cosas. Y las hicimos. Al mes me adoptó como hijo y me llevó a tocar a NY , Alemania, París, Roma, Venecia, etc... el último fue en Mérida, mi pueblo natal, donde nací y donde crecí. Fue por la noche, en el centro cultural Alcazaba. Se llenó hasta la bandera como decía mi padre que en paz descanse. Pero en primera fila una chica con un pañuelo en la cabeza me llamó la atención. Mientras que tocaba pensé que me recordaba ha alguien. En la segunda canción que toque después del aplauso recordé quien era. Era de la chica que me enamoré en el instituto ¿cómo pude olvidarme de esa cara? . 

        Al finalizar el concierto le dije que si se acordaba de mi, ella sorprendida me abrazo y me dijo que por supuesto que sí. Nos fuimos a una cafetería cercana y estuvimos hablando durante una hora. Me dijo que se llamaba María y que tenia 26 uno mas que yo. También que intento igualarme con mas hombres, pero que no lo consiguió, justo lo que me pasó a mi y lo mas impactante fue que me dijo tenia cáncer y que por eso el pañuelo. Supe que tenia que ayudarla de alguna manera. Al día siguiente fui al hospital para ver cual era su cura. Me dijeron que era un trasplante de corazón. Pregunté si alguien había muerto y quería donar su corazón , su respuesta fue no. Entonces me hice las pruebas para ver si era compatible. Después de media hora de espera me dijeron que sí. No tarde en llamar a María para comunicarle que se viniera al hospital. Me dijo que si estaba seguro, le dije que sí que gracias a ella me conoce todo el mundo y soy rico. Ella me pregunto que por qué gracias a ella a lo que yo respondí que una de las canciones que toque en el concierto la compuse cuando la conocí. Al día siguiente fui al hospital me condujeron a una habitación , me tumbe y le entregué la partitura de la canción que compuse para María y un disco con la grabación y le dije que se lo entregara. Él me dijo que se lo entregara yo mismo porque habían encontrar un corazón valido para ella. Durante la operación no podía parar de pensar en ella. Después de tres horas de espera, el medico me dijo que maría había pedido que entrara. entré y ella me pidió que me acercara, lo hice y me incliné hasta la altura de la camilla y entonces, me comió a besos. 
    
    Ahora vivimos juntos a las afueras de la ciudad, tenemos pensado en tener un hijo. Al que llamaremos Israel.

Escrito por Juan Ángel González Ramiro



    Se acercó despacio, como si supiera que el miedo me había paralizado; y la verdad, así era. Su expresión de ira, su mirada desafiante, su gesto retorcido en la comisura de su fino y ásperos labios, su frente arrugada cual papel que estrujas entre las manos, el rojo fiero de sus mejillas cual lava llameante que emana de un volcán en erupción. Era tal su enfado que sí, me paralizó; jamás vi nada igual y no querría volver a verlo nunca, jamás. El alma bohemia, soñadora pacífica y amante de la música, y la poseía. No entendía como un ser humano podía mostrar tal falta de amor, ¿no le enseñaron lo que era el amor, el respeto, la empatía, la dulzura, la amabilidad y educación?. Todo eso me lo inculcaron a mí, todo lo que mi madre me repetía cada día a veces sin palabras, no eran necesarias, a veces con un solo guiño, una caricia o un beso. Entonces sentía pena, una profunda e inmensa pena, por él, porque comprendí que nunca sintió lo que yo. Y aunque estaba aterrorizado, decidí darme la vuelta y tragando saliva, apretando mis puños, le esbocé una sonrisa amable y le dije: - A veces, quien más necesita una sonrisa, es quien no sabe sonreír. Entonces él se quedó perplejo, no supo reaccionar, no entendía porqué ante sus ataque no hui. No ataqué; solo mostré humanidad, respeto y humildad, y creo que lo entendió porque desde aquel día, ya nunca volvió a mirarme igual, no se puede decir que me mirase como a un amigo, pero lo que era seguro es que nunca más me miraría como a un enemigo.
Escrito por Manuel Macías González


LA AVARICIA 
    Todos los domingos son igual; me despierta alrededor de las 8:30 un olor a tostadas recién hechas. Así que me  levanto y me preparo un tazón de leche.           
     Después de desayunar cojo mi caballo y galopo hasta la cima del monte de oro, para descansar. Se llama así porque se dice por el pueblo, que un conde muy avaro, que vivía en el castillo que está a las afueras, escondió un tesoro lleno de lingotes de oro, en alguna parte del monte, antes de morir. No me vendría mal encontrarlo. Pues el sueldo de mi padre, leñador, lo que nos da nuestros animales y el huerto, no nos da para mucho. Pero hace dos semanas me cambió la vida. Como cada domingo hice mi rutina habitual, cogí mi caballo y subí a la montaña pero esta vez no cogí el camino usual, esta vez cogí el paralelo, el más pegado al riachuelo que prendía de la cima del monte y moría en la fuente central de la plaza del pueblo. Al llegar a la cima, el caballo se paró en seco. Con lo cual por el impulso yo salí disparado hacia delante, y fui a caer en el riachuelo. Recuerdo que me golpeé la cabeza con algo macizo, y que salí a flote. Un campesino que pasaba por allí, me incorporó y me preguntó qué había sucedido, se lo expliqué. Mientras que mantenía una conversación palpé con el pie como una especie de cofre, percibí que era el tesoro del conde. entonces me agaché cogí uncanto rodado del rio y le sacudí en la cabeza con él. Pensé que si lo sacaba delante de él me golpearía o lo tendría que compartir. 

    En ese momento estaba poseído por la avaricia. Saqué como pude el cofre encajado en el suelo del riachuelo repleto de piedras. Cuando conseguí sacarlo, me fijé que aparte de estar oxidado tenía diamantes incrustados. Me lo eche a las espalda y volví a casa a pie. Al llegar a casa tapé el cofre con un trapo viejo. Mi madre me vio, y me preguntó que qué escondía, pero la avaricia que me poseía me impedía desvelar el secreto. Entonces subí a mi habitación y bloqueé la puerta con una silla. Mi madre avisó a mi padre que enfadado subió a mi habitación, y de una patada abrió la puerta. Se abalanzó sobre mí y me intento quitar el cofre aún tapado. Agarro el trapo y tiró bruscamente, el cofre quedo al descubierto. Al verlo supo al instante que era el del conde. No le deje hablar, rápidamente le golpeé con él y salí corriendo. Mi madre intentó detenerme, pero de un empujón la tire al suelo. Huí al monte y me escondí en una cueva, que encontré cuando era pequeño. Supe que allí no aguantaría mucho tiempo pues no tenía sustentos para vivir.
    Al día siguiente volví a casa y cogí una gabardina para abrigarme y ocultar mi rostro para pasear por el pueblo sin que nadie me reconociera. Entre en mi casa de cuclillas. No había nadie. Me resultó extraño. Subí a la habitación de mis padres y cogí la gabardina. Al cogerla se cayó un cuchillo del bolsillo decidí guardarlo por si alguien me intentaba quitar el cofre. No sabía lo que me ocurría me mire al espejo y no me reconocía, parecía un loco que se había escapado del manicomio.

    Salí de mi casa y fui al pueblo. Todo el mundo estaba reunido en la plaza. Me acerqué al corrillo y mi madre decía que yo había encontrado el cofre del conde y que me había vuelto loco. También decía que la policía ya me estaba buscando. En ese momento corrí hacia la cueva. Me topé con 10 policías hasta salir del pueblo. A todos les dije que no había visto nada. Al llegar a la cueva comprobé si seguía el cofre donde lo dejé. Seguía allí. Percibí que alguien se acercaba a la cueva, intenté escapar pero ya era tarde. La policía me atrapó y me llevó a comisaria me condenaron a la pena de muerte por el asesinato de José Luis Hernandez. ¿Quién era ese? Recordé que pudo ser el campesino que me ayudo en el riachuelo y golpeé con un canto. 

        Yo no pretendía matarle. Mi madre lloraba detrás de mí pues ella solo quería recuperarme. Estuve encerrado en el calabozo una semana entera, sin ver la luz. Ya llegó el día, aquí se acaba todo, aquí se acaba mi vida colgado de una cuerda que me aprieta el cuello cada vez más y más hasta no poder. Ya no quedara nada de mí. 

        El verdugo me puso la cuerda en el cuello, era áspera, tiro de la palanca y….. En ese justo instante me desperté con olor a tostadas recién hechas como cada domingo...

Escrito por Juan Ángel González Ramiro (2º ESO A)
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